lunes, 15 de marzo de 2010

Australia

Parece increíble, pero mientras volábamos hacia Australia teníamos la impresión de estar dirigiéndonos hacia otro mundo, era la primera vez que íbamos a pisar la tierra de los Canguros y los Koalas, la tierra que desde el punto de vista de los Españoles queda más lejos, la que nunca sueles elegir para unas vacaciones, solo porque, está muy lejos…


Pero ahí estábamos dirección Sydney, con la idea de llegar y coger un autobús o el tren para irnos a Canberra, allí nos esperaba la familia de Saray para pasar con ellos el fin de año. Por lo menos sabíamos que el menú de noche buena no se iba a volver a repetir.

Al llegar a Sydney nuestros planes se vinieron abajo, sin anestesia previa, no había billetes de tren, los autobuses estaban llenos, hasta el día siguiente no podíamos viajar,. Pensamos pasar la primera noche en Sydney, pero, habían varios mochileros desesperados en el aeropuerto, todo estaba lleno y lo que quedaba era carísimo, realmente eso en fin de año es normal, miles de personas viajan a Sydney para ver el espectáculo de fuegos artificiales sobre Harbour Bridge, y otras cuantas miles se van de Sydney para pasarlo con la familia en otras ciudades.

Decidimos alquilar un coche e irnos a Canberra, nos salía más barato. Tengo que reconocer que la primera vez que conduces en dirección contraria a la que estás acostumbrado y más si es una ciudad como Sydney, impresiona.

Llegamos a Canberra y quedamos con los tíos de Saray en el centro de turismo que hay a la entrada de Canberra, mientras esperábamos nos preguntábamos:

-¿Cómo serán?
-¿Les caeremos bien?
-¿Les aguaremos las fiestas?
-¿Seremos un estorbo?

No sabíamos prácticamente nada de ellos, Saray los recordaba vagamente.

Pero llegó el momento del encuentro y francamente superaron con creces todas nuestras expectativas, tras un gran abrazo y las presentaciones, conocimos a Manolo y Carmen. Dos personas que junto al hermano de Manolo y su mujer, Paco y Pastora, tuvieron el valor hace cuarenta años de dejar todo lo que para ellos era importante e irse a un continente extraño del que en aquella época no tenían ninguna referencia, no sabían nada de lo que se iban a encontrar, solo un:



-¿A que no te atreves a ir a Australia? Que le dijo Paco a Manolo sirvió para que estos aventureros cambiaran su vida de golpe y fueran en busca de una vida mejor que la que en aquellos tiempos España ofrecía. Con mucho esfuerzo, con largas horas y horas de duro trabajo de los cuatro, tengo que decir que consiguieron una vida admirable, tanto para ellos como la que sus hijos ahora Australianos tienen.


Canberra, para los que no lo sepáis, es la Capital de Australia, mucha gente, incluido nosotros antes de planificar el viaje pensábamos que era Sydney, la mayoría de empleos están destinados a asuntos y servicios del gobierno.

Mientras estuvimos en Canberra encontramos a otros tantos españoles que como ellos tomaron “La decisión” de emigrar en aquella época, incluso hay un club español donde se juntan para no perder las buenas costumbres.

No cabe decir que nos trataron como Reyes, éramos los primeros españoles que íbamos a visitarlos y eso, especialmente para Manolo, les era de una gran alegría. Pasábamos largas horas allí, en el porche de su casa, bebiendo vino del que él mismo prepara, charlando sobre la vida, el pasado, la familia y el buen vino. El fin de año se hizo muy especial para nosotros, ya que por primera vez íbamos a ser los primeros del planeta en celebrarlo, cambiamos las imágenes de la puerta del sol y las uvas por las de Harbour Bridge y sus fuegos artificiales, el menú fue espectacular.

Nos llevaron por los alrededores, subimos a la torre de telecomunicaciones de Canberra donde se puede ver todo el territorio y nos iban contando como un gran fuego arrasó prácticamente todos los bosques que hay alrededor y no son pocos, se pueden ver los trabajos que el gobierno está haciendo para volver a forestarlos.

A todo esto nosotros les preguntábamos:
-¿Y los Canguros?
-Esos bichos están por todos lados, decía Manolo. Era gracioso escuchar como hablaba de ellos.
Pero era cierto, hay un montón y si no mirar, no hace falta irse muy lejos para verlos:



Lo que no pudimos ver fueron Koalas, excepto el de la fotografía, esos si que hay que ir a buscarlos.


Pero llegó el momento de seguir el camino de los viajeros, Manolo con gran emoción y lágrimas en los ojos no dejaba de darnos las gracias por ser los primeros en ir a visitarlos, y Carmen nos decía por lo bajo:

-Ya veréis como para el año que viene estamos de visita nosotros por allí.

En nuestros corazones la respuesta era que ojalá podamos devolverles algún día la hospitalidad con la que ellos nos acogieron en su casa.

Muchas Gracias a toda la familia Australiana…

Volvimos hacia Sydney, queríamos pasar unos días por allí antes de dirigirnos hacia el Uluru.
El autobús nos dejó en el mismo centro de la ciudad, junto a la estación de tren,. No tardamos en darnos cuenta de que habían muchísimos mochileros y viajeros por libre buscando los pocos hoteles baratos que habían disponibles, en nuestra búsqueda coincidimos con un coreano en varios de ellos, llegamos los tres al único que encontramos asequible, así que compartimos habitación.

Después de alojarnos, decidimos salir a dar un paseo y cuando pasamos al lado de un hotel de Backpackers (mochileros), ¡Sorpresa!.

-¡Boluuuuuudo!

Ahí estaba Mark, el argentino con el que habíamos pasado largos días desde Colombia a Panamá, vaya reencuentro, Aunque con gran alegría, el estaba sufriendo porque la aerolínea en la que había viajado, le había perdido la mochila, se dice rápido, pero para un mochilero, la mochila lo es todo.

No os podéis imaginar la indignación que tenia, solo atenuada en ese momento por la alegría de nuestro reencuentro y del vino de garrafa que estaban sirviendo gratis en el hotel.



Sydney es una ciudad fantástica para el mochilero ocasional, pero para el de largo recorrido y bajo presupuesto, se convierte en el lugar más caro del mundo. La mayoría de viajeros, al igual que hizo Mark, obtienen un visado de trabajo para conseguir dinero extra y poder permitirse el alojamiento.
Los españoles sólo podemos obtener un visado para estudiar y trabajar, sin estudios no hay trabajo.



Así que en principio no teníamos intención de estar mucho tiempo en Australia, pero no podíamos irnos sin ver la ópera, el Harbour Bridge o surfear las olas de Bondi Beach, una de las playas más famosas de Australia y del mundo, por lo menos para los surfistas.



En Bondi Beach fue gracioso, porque entre que no quedaba alojamiento, para variar, a Mark le quedaba poco presupuesto y para nosotros nos resultaba caro, no dudamos ni un instante en dormir en la playa y disfrutar de la salida del Sol.
Al día siguiente, nosotros teníamos vuelo hacia el centro de Australia y Mark recibió la gran noticia de que su mochila estaba en el aeropuerto, así que una noche dormimos en la playa y otra en el aeropuerto, aunque lo de dormir en el aeropuerto, no seria la primera vez, es un recurso muy práctico cuando tienes un vuelo temprano y quieres ahorrarte una pasta.



Una vez más tuvimos que despedirnos de Mark pero hay un refrán que dice que no hay dos sin tres…
Suerte Mark.





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